3 formas de hacer libros artesanales en la escuela: propuestas para Inicial, Primaria y Secundaria
Ideas sencillas para transformar las producciones literarias de las y los estudiantes en libros hechos a mano. Tres proyectos para trabajar escritura, edición, ilustración y producción editorial en el aula.
ACTITUD RECURSERA
Cuando pensamos propuestas de lectura y escritura en la escuela, muchas veces el recorrido parece terminar cuando el texto está escrito. Sin embargo, existe una instancia posterior que puede convertirse en una experiencia de aprendizaje tan significativa como la propia escritura: transformar esas producciones en un libro.
Elegir un formato, decidir cómo se organizan las páginas, pensar una tapa, ilustrar, plegar, coser, revisar textos y anticipar cómo otra persona va a leerlos son también decisiones vinculadas con la producción literaria.
Este enfoque aparece con fuerza en las Jornadas Leer en Comunidad 2025-2026. El recorrido propuesto por el Plan Provincial de Lecturas y Escrituras plantea tres momentos: Descubrir la escritura literaria, Habitar el universo del libro y Proyectar el universo del libro. En ese camino, las y los estudiantes escriben, revisan y seleccionan sus textos; exploran distintos formatos de libro y, finalmente, presentan las producciones realizadas a la comunidad educativa.
Durante 2026, además, la propuesta profundiza especialmente la posibilidad de que las y los estudiantes no se reconozcan únicamente como escritores y escritoras, sino también como editores y productores de libros. El documento recupera experiencias escolares donde los manuscritos se transformaron en antologías, audiolibros, libros objeto, publicaciones electrónicas y fanzines.
Por eso, en esta entrada compartimos tres formas sencillas y artesanales de producir libros dentro de jardines y escuelas, pensadas para diferentes niveles educativos.
No se trata solamente de “hacer una manualidad”. La propuesta es que la forma del libro también forme parte de aquello que queremos contar.
¿Por qué producir libros con estudiantes?
Transformar un escrito en un objeto libro obliga a tomar decisiones diferentes a las que aparecen durante la escritura.
¿Qué tamaño tendrá?
¿Cómo se van a ordenar los textos?
¿Habrá ilustraciones?
¿Qué aparecerá primero?
¿Qué información tendrá la tapa?
¿Quiénes figurarán como autores, ilustradores o editores?
¿Cómo se pasará de una página a otra?
Estas preguntas introducen a las y los estudiantes en aspectos vinculados con la edición y la producción editorial. El proceso completo permite luego volver a leer los libros de otra manera: no solamente atendiendo al texto, sino también a su materialidad, a las decisiones estéticas y a las distintas capas de sentido que construye el objeto. En Inicial se contempla la producción de textos dictados al docente incorporando formas estéticas cada vez más elaboradas; en Primaria, las prácticas de escritura literaria incluyen el recorrido desde la planificación hasta la edición; y en Secundaria se promueven proyectos destinados a dar a conocer las propias producciones literarias. Veamos entonces tres posibilidades.


INICIAL — Un cuento que sale de las páginas
Libro colectivo ilustrado con mecanismos pop-up
En el Nivel Inicial, el libro puede convertirse en un verdadero objeto para explorar. Una posibilidad es producir un cuento colectivo ilustrado incorporando mecanismos simples de pop-up, solapas o elementos móviles. La propuesta puede comenzar con la invención oral de una historia entre todo el grupo.
La docente puede registrar las ideas que aparecen, recuperar frases de las niñas y los niños y organizar posteriormente una primera versión del relato. Luego, el grupo puede volver sobre esa historia para decidir cuáles son sus momentos más importantes. Por ejemplo: un personaje llega a un lugar; descubre algo inesperado; aparece un problema; ocurre una transformación; la historia encuentra un cierre.
Cada uno de esos momentos puede convertirse en una doble página del libro. Pero la pregunta interesante aparece después: ¿Qué podría suceder cuando alguien abra esta página?
Tal vez un árbol despliegue sus ramas. Una puerta pueda abrirse. Un personaje aparezca detrás de una solapa. Un monstruo salga de la página. Una casa muestre qué ocurre en su interior. De esta manera, la ilustración deja de funcionar simplemente como decoración para empezar a participar de la narración.
Los libros pop-up permiten que ciertas partes de la ilustración emerjan o se muevan mediante distintos procedimientos de corte, plegado y pegado del papel, y que también pueden realizarse artesanalmente.
Materiales posibles
Para realizarlo no hace falta contar con materiales sofisticados. Pueden utilizarse cartulinas, hojas de colores, papeles reutilizados, marcadores, crayones, tijeras, pegamento y cartón para construir las tapas.
Los mecanismos pueden ser muy simples: pequeñas pestañas plegadas, solapas o figuras pegadas sobre tiras de papel dobladas. Lo importante no es lograr un mecanismo complejo, sino que las niñas y los niños puedan tomar decisiones sobre cómo quieren que se vea y se descubra la historia.
Producto final
El resultado puede ser un gran libro colectivo que permanezca en la biblioteca de la sala. También puede circular entre las familias o convertirse en parte de una jornada de lectura donde sean las propias niñas y niños quienes presenten la historia.


PRIMARIA — Historias que circulan por el barrio
Libro artesanal cosido de mitos y leyendas urbanas
Para Primaria podemos aprovechar una característica particular de la literatura: su capacidad para transformar las historias que circulan en una comunidad. La propuesta comienza con una pregunta:
¿Qué historias extrañas se cuentan sobre el lugar donde vivimos?
Las y los estudiantes pueden investigar historias conocidas por familiares, vecinos, comerciantes o personas que llevan muchos años viviendo en el barrio. Puede aparecer la historia de una casa abandonada.
Un personaje misterioso.
Un supuesto túnel debajo de una calle.
Una plaza donde ocurrió algo extraño.
Una aparición.
Una historia que todo el mundo conoce pero nadie sabe exactamente dónde comenzó.
No es necesario que esas historias sean verdaderas. Justamente ahí comienza el trabajo literario.
De la historia oral al relato
Una vez reunidos los testimonios, cada grupo puede elegir una historia y construir su propia versión. Pueden cambiar personajes. Agregar detalles. Inventar una explicación. Modificar el final. Introducir elementos fantásticos. Combinar dos historias diferentes. El objetivo no es registrar históricamente el barrio, sino utilizar esas narraciones como materia prima para la ficción. Después comienza una segunda etapa: leer, revisar y editar las producciones. Los textos no pasan directamente de la escritura al libro, sino que atraviesan instancias de revisión, corrección y edición antes de ser publicados en el soporte elegido.
Del manuscrito al libro
Cada relato puede ocupar algunas páginas de una antología colectiva. Entonces aparecen nuevas decisiones:
¿En qué orden van a aparecer las historias?
¿Cada relato tendrá una ilustración?
¿Quién diseñará la tapa?
¿Cómo se llamará el libro?
¿Tendrá índice?
¿Habrá una pequeña explicación inicial sobre cómo surgió el proyecto?
También pueden incorporarse algunos de los paratextos propios de una publicación: tapa, portada, índice, nombre de autoras y autores, ilustradores, año de realización, nombre de la escuela, contratapa. Finalmente, las hojas pueden plegarse formando pequeños cuadernillos y realizar una encuadernación cosida sencilla.
No es necesario producir un ejemplar por estudiante. También puede confeccionarse un único ejemplar colectivo o algunos ejemplares para que circulen entre las familias y la biblioteca.
Producto final
Una posible publicación podría llamarse: Mitos y leyendas de nuestro barrio / Historias que se cuentan por acá / Dicen que pasó en este barrio…
El resultado será una antología donde el territorio, la oralidad, la escritura y la producción editorial se encuentran en un mismo proyecto.


SECUNDARIA — El libro que no deberías estar leyendo
Mini libro secreto de textos anónimos
En Secundaria podemos alejarnos deliberadamente de la idea del “libro escolar”. En lugar de producir una gran antología formal, podemos construir un objeto pequeño, anónimo, casi clandestino. Un libro que dé curiosidad. Un libro que alguien quiera abrir porque siente que quizás no debería hacerlo.
La propuesta puede comenzar con diferentes disparadores de escritura:
Algo que nunca dije.
Una frase que me gustaría gritar.
Una canción para alguien que no sabe que existe.
Algo que quiero recordar.
Algo que quisiera olvidar.
Un secreto completamente inventado.
Una conversación que nunca ocurrió.
Una frase que me hubiera gustado escuchar.
A partir de estas consignas pueden aparecer textos muy diferentes: poemas, letras de canciones, microrrelatos, listas, fragmentos, confesiones ficcionales, textos breves, escrituras experimentales.
No es necesario que las producciones sean autobiográficas. El secreto también puede convertirse en un dispositivo literario.
Escribir desde el anonimato
Una posibilidad interesante consiste en que los textos finalmente seleccionados no lleven firma. Así, el grupo construye una pequeña publicación colectiva donde las voces aparecen mezcladas. La pregunta deja de ser: ¿Quién escribió esto? y pasa a ser: ¿Qué me produce leerlo?
Luego será necesario seleccionar, revisar y organizar los textos. Y ahí aparece nuevamente la tarea editorial.
¿Qué texto abre el libro?
¿Cuál debería aparecer al final?
¿Hay textos que dialogan entre sí?
¿Conviene dejar páginas casi vacías?
¿Algunos fragmentos deberían ocupar una página completa?
¿La tipografía también puede construir un clima?
El formato: un fanzine de una sola hoja
Para esta propuesta funciona especialmente bien el fanzine plegado. Los fanzines son publicaciones económicas y autogestivas que pueden producirse mediante distintos sistemas de plegado de papel. Esta alternativa es accesible y permite realizar un original, fotocopiarlo y luego plegar múltiples ejemplares. Puede convertirse además en una oportunidad para pensar la identidad visual de una publicación: blanco y negro, collage, tipografías recortadas, dibujos, texturas, fotocopias intervenidas, frases manuscritas.
El propio lenguaje gráfico puede reforzar la sensación de estar frente a un objeto secreto.
Algunos títulos posibles: NO LEAS ESTE LIBRO / COSAS QUE NO DIJIMOS / SECRETOS / ESTO NO ERA PARA VOS / BORRADORES QUE NADIE TENÍA QUE ENCONTRAR
Producto final
Cada estudiante puede llevarse un pequeño ejemplar.
También pueden dejarse algunos fanzines en la biblioteca, esconder ejemplares dentro de otros libros o realizar una intervención en distintos espacios de la escuela. El proceso pueda culminar en lecturas, muestras, presentaciones o performances donde los libros se encuentren finalmente con sus lectores.
El soporte también cuenta
Una de las ideas más interesantes para trabajar estos proyectos es comprender que el soporte no aparece después de la escritura como un simple envoltorio. El formato elegido puede modificar el propio texto. Un libro muy pequeño obliga a escribir de determinada manera. Un libro acordeón permite pensar una narración continua. Un pop-up permite ocultar y revelar información. Un fanzine invita a producir textos breves. Un libro ilustrado permite construir sentido en el diálogo entre palabra e imagen.
Una vez elegido el soporte, pueden ser necesarias adecuaciones vinculadas con la cantidad de páginas, la incorporación de ilustraciones e incluso con la estructura literaria de los textos. Por eso, una buena pregunta para llevar al aula puede ser:
¿Qué forma debería tener este libro para contar mejor lo que queremos contar?
Esa pregunta transforma la producción artesanal en una verdadera decisión artística.
Hacer libros también es formar lectores
Cuando las y los estudiantes participan de la producción de un libro, empiezan a mirar los libros existentes de otra manera. Descubren que alguien decidió dónde termina una página Que una ilustración ocupa determinado lugar por alguna razón. Que existe una tapa, una contratapa, una portada y un índice. Que alguien seleccionó una tipografía. Que el tamaño del libro también condiciona nuestra relación con él. Que incluso pasar una página forma parte de la experiencia de lectura. En ese sentido, producir libros no implica abandonar la lectura para dedicarse a “hacer cosas”. Todo lo contrario.
Construir un libro puede convertirse también en una manera de aprender a leerlo.
Y quizás ese sea uno de los aspectos más interesantes de estas propuestas: permitir que las producciones realizadas en la escuela dejen de ser solamente trabajos que alguien entrega para que el docente los corrija y empiecen a transformarse en objetos culturales que fueron creados para encontrar lectores.


