Dirección escénica en las clases de Teatro: colaboración de ejercicios con Chino Damián (México)

¿Cómo enseñar a tomar decisiones escénicas? Reflexiones sobre dirección teatral, autonomía y creación colectiva. Descargá el cuadernillo gratis.

DESCARGAS PDF

Juli Rososzka

11/2/20265 min read

En las clases de Teatro hay un momento bastante reconocible: los estudiantes comienzan a crear sus propias escenas y, tarde o temprano, alguien pregunta «Profe, ¿así está bien?».

La pregunta parece sencilla, pero esconde un problema detrás. ¿Quién decide si una escena funciona? ¿Con qué criterios? ¿Qué sucede cuando las decisiones dependen siempre de la mirada docente?

Durante las primeras experiencias teatrales, es habitual que quien coordina la clase asuma buena parte de las decisiones: propone situaciones, organiza grupos, establece condiciones para improvisar y ofrece orientaciones sobre lo que sucede en escena.

Sin embargo, a medida que los estudiantes adquieren experiencia, aparece un nuevo desafío pedagógico: generar condiciones para que puedan tomar decisiones artísticas sin depender permanentemente de la aprobación docente.

Y acá es donde explorar la dirección escénica puede convertirse en una experiencia de aprendizaje particularmente valiosa.

Imaginemos un grupo de estudiantes preparando una escena para una muestra escolar. Ya tienen una idea, algunos personajes y una situación que quieren representar. Ensayan varias veces, pero sienten que algo no termina de funcionar. Entonces miran al docente y esperan una solución.

Podríamos intervenir indicando qué modificar, dónde ubicarse o qué acción incorporar. Probablemente la escena avance. Pero también podríamos devolverles otras preguntas: ¿qué quieren que comprenda el público?, ¿qué parte de la escena les genera dudas?, ¿qué alternativas probaron hasta ahora?

La diferencia entre ambas intervenciones no es menor. En el primer caso, el docente resuelve un problema de la producción. En el segundo, intenta que los estudiantes desarrollen herramientas para reconocerlo, analizarlo y encontrar posibles soluciones. Esto no significa que debamos retirarnos del proceso ni dejar que cada grupo resuelva todo por su cuenta. Enseñar también implica decidir cuándo intervenir, qué información ofrecer y qué responsabilidades pueden asumir progresivamente los estudiantes.

La dirección escénica puede ayudarnos a trabajar sobre esa transición.

Del «¿así está bien?» al «¿qué queremos lograr?»

En el ámbito educativo solemos valorar el trabajo grupal, la participación y la construcción colectiva. Sin embargo, reunir a varias personas alrededor de una tarea no garantiza que estén trabajando cooperativamente.

En ocasiones, una persona termina decidiendo todo mientras las demás ejecutan. Otras veces, nadie quiere asumir la responsabilidad de elegir entre diferentes propuestas. También puede suceder que el grupo confunda llegar a un acuerdo con aceptar rápidamente la primera idea que aparece. Estas situaciones forman parte del aprendizaje y merecen ser trabajadas.

Una producción teatral necesita diferentes tareas y responsabilidades. Actuar, observar, organizar, proponer, registrar o coordinar no son actividades idénticas, aunque todas puedan contribuir al mismo proyecto. Explorar la dirección permite poner en juego una responsabilidad específica: sostener una mirada sobre el conjunto sin perder de vista el trabajo de quienes lo integran. Y esto abre una posibilidad interesante para la enseñanza: distribuir temporalmente las responsabilidades y permitir que los estudiantes experimenten qué sucede cuando deben tomar decisiones que afectan al resto del equipo.

No se trata de establecer jerarquías permanentes ni de identificar quién tiene más capacidad para dirigir. Se trata de ampliar las experiencias de participación dentro de un proceso artístico.

La creación colectiva no significa que todos hagan todo

Hay otra situación frecuente en las clases de Teatro.

Un grupo presenta una improvisación y, al terminar, abrimos una conversación sobre lo que sucedió.

—¿Qué les pareció?

—Estuvo bueno.

—¿Algo más?

Silencio.

A veces aparece alguna observación más específica. Otras, la conversación deriva hacia gustos personales, comentarios sobre quién actuó mejor o sugerencias difíciles de llevar a la práctica. No necesariamente falta interés. Muchas veces lo que falta es un marco para observar. Aprender a analizar una producción artística requiere desarrollar criterios, vocabulario y experiencias que permitan reconocer cómo está construida.

Por eso, la instancia de intercambio posterior a una escena no debería depender exclusivamente de la espontaneidad de los comentarios. Podemos enseñar a nuestros estudiantes a identificar decisiones escénicas, relacionarlas con sus efectos y fundamentar sus interpretaciones. Incluso podemos aprovechar las diferencias de lectura.

Que dos espectadores comprendan una escena de maneras distintas no significa automáticamente que haya un error. Puede ser una oportunidad para investigar qué elementos habilitaron esas interpretaciones y cuáles podrían modificarse si el grupo quisiera orientar la recepción hacia otro sentido. De esta manera, la conversación deja de girar alrededor de quién tiene razón y comienza a centrarse en las posibilidades de la construcción teatral.

El problema de opinar sobre el trabajo de los demás

No todos los estudiantes encuentran en la actuación su principal espacio de interés. Algunos disfrutan improvisar frente a sus compañeros. Otros se sienten más cómodos organizando, imaginando soluciones visuales, construyendo objetos, escribiendo situaciones o analizando lo que sucede durante un ensayo. Esto no significa que debamos asignarles roles fijos según sus preferencias iniciales. La escuela también tiene la responsabilidad de ofrecer experiencias que amplíen aquello que cada estudiante cree que puede hacer.

Pero reconocer la diversidad de tareas que intervienen en una producción teatral permite mostrar que el teatro no se reduce a estar frente al público. La dirección escénica es una de esas puertas de entrada.

Un estudiante que suele participar poco de las improvisaciones puede descubrir que tiene ideas interesantes sobre la organización de una escena. Alguien que disfruta protagonizar todas las situaciones puede experimentar la dificultad de acompañar una propuesta sin ocupar el centro de la acción. Y quien habitualmente espera indicaciones puede encontrarse, por primera vez, con la responsabilidad de formularlas.

No sabemos de antemano qué descubrirá cada estudiante. Precisamente por eso vale la pena ofrecerles la experiencia.

¿Y qué pasa con quienes no quieren actuar?

A partir de estas inquietudes, desarrollamos una nueva colaboración de Actitud Recursera junto a Chino Damián (@soychinodamian)

El resultado es Dirección escénica para jóvenes actores y actrices, un cuadernillo gratuito que propone acercar a los adolescentes a algunas de las decisiones que forman parte del oficio de dirigir.

Chino aporta tres ejercicios prácticos de exploración escénica. Desde Actitud Recursera, acompañamos esas propuestas con una contextualización histórica y un recorrido pedagógico que invita a observar, experimentar, intercambiar roles y reflexionar sobre el trabajo compartido.

El material está pensado para utilizarse en clases de Teatro, talleres y otros espacios de formación artística con adolescentes.

No requiere grandes producciones ni equipamiento especial. Su punto de partida son situaciones sencillas que permiten concentrar la atención en las decisiones escénicas y sus consecuencias.

¿En qué momento de la planificación incorporarlo?

No necesariamente al comienzo del año ni como una actividad aislada para completar una clase. Una posibilidad es incorporarlo cuando los grupos ya han transitado experiencias de improvisación y comienzan a organizar producciones propias. En ese momento, las decisiones sobre el espacio, las acciones y las relaciones entre personajes empiezan a adquirir una importancia diferente.

También puede utilizarse antes de iniciar un proyecto de montaje, como una experiencia que permita reconocer las distintas responsabilidades involucradas en la creación. Incluso podría funcionar durante un proceso de producción ya iniciado, cuando los grupos necesitan revisar escenas que construyeron y encontrar alternativas para seguir desarrollándolas. Lo importante es que la elección responda a una necesidad de aprendizaje concreta. Porque incorporar un nuevo recurso no debería significar interrumpir lo que estamos enseñando, sino encontrar una manera de profundizarlo.

Una propuesta para llevar estas preguntas al aula

Descargá gratis «Dirección escénica para jóvenes actores y actrices»

Una publicación colaborativa de Juliana Rososzka (Actitud Recursera) y Chino Damián, dirigida a docentes, talleristas y jóvenes interesados en explorar la creación teatral desde diferentes roles.

El PDF incluye una introducción al oficio de la dirección escénica, tres ejercicios prácticos y una propuesta de reflexión para acompañar el trabajo grupal.

Completá el formulario para recibir el material gratuito.

[FORMULARIO DE DESCARGA]

Redes Sociales

¿Querés recibir novedades?
Sumate al Newsletter

2026 | Generador de Climas ® & Actitud Recursera ®
Todos los derechos reservados

También en Spotify